LA CREACIÓN: MIRADA DE JESÚS

Queridos hermanos y hermanas: completamos nuestra reflexión del último bimestre, previsto en el plan para este año, con las consideraciones que el Santo Padre Francisco nos ha hecho sobre el medio ambiente, a partir de su encíclica “Laudato Si”. Ahora en unos números del documento hermosamente descritos, que nos invitan a entrar en la mirada que Jesús tuvo en su vida y ministerio, de la creación que lo rodeaba (cf. L.S. 96-100).

En efecto Jesús asume la fe que aparece en las narraciones bíblicas en relación con un Dios creador, que fundamentalmente es un Padre. En las lecciones cotidianas a sus discípulos y a las multitudes, especialmente en la didáctica de las parábolas, invita a contemplar el amor de Dios que se fija en todas las criaturas, destacando la importancia y cuidado de cada una de ellas: “no se venden cinco pajarillos por dos monedas? Pues bien ninguno de ellos está olvidado ante Dios” (Lc 12,16). “Mirad las aves del cielo que no siembran ni cosechan, y no tienen graneros. Pero el Padre celestial las alimenta” (Mt 6,26)

Jesús vive en armonía con la creación pues él también ha venido a “redimirla”. No olvidemos que la resurrección de Jesucristo se presenta como una nueva creación, que en la noche de la Vigilia Pascual, acompañamos cantando: “cuando la aurora nacía, el Señor resucitó, hoy es el día gozoso de la nueva creación…”.  Manda calmar la tempestad y el viento y usa de los bienes de la naturaleza con propiedad y gratitud, como medio de encuentro, además, con las personas, como a menudo lo vemos compartiendo una cena, con las viandas propias y bebidas acostumbradas. No podemos olvidar que Jesús trabajó con sus propias manos usando los materiales adecuados, como carpintero, en su hogar de Nazareth, por largos años y dando ejemplo del trabajo honesto y perseverante.

Acaso no nos hemos detenido a pensar en Jesús, que toma el pan y el vino, “fruto de la tierra y del trabajo del hombre”, como bellamente el sacerdote celebrante lo presenta al Padre en el momento del ofertorio, y que luego se convierten en el mismo Cuerpo y Sangre del Señor?. Y cuantas veces no hacemos mención del árbol de la cruz, madero en el que Jesús entregó su vida por nosotros?. Y pensar que es por la “sangre de su cruz” como Jesús reconcilia todo lo que existe en la tierra y en el cielo restableciendo de ese modo la paz. (cf. Col 1,19).

Razones de más para sentirnos responsables del mundo creado por Dios para nuestro bien y del cuidado que de él debemos tener. También, para que con la mirada contemplativa de Jesús, podamos observar un medio ambiente que nos da motivos para asombrarnos del amor de Dios y a partir de los sencillos elementos del campo, orar como lo hiciera Jesús y nos lo recuerda San Francisco de Asís.

Con mi fraterno saludo y bendición.

 

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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