FAMILIA E IGLESIA

Queridos hermanos y hermanas: en el mes pasado reflexionamos sobre la familia como Iglesia doméstica. Esta cualidad, naturalmente se explica por la misma participación que tiene en la vida y misión de la Iglesia. De esta manera, la familia tiene la vocación de ser servidora en la edificación del Reino de Dios en la vida cotidiana.

Existen pues, vínculos muy profundos que unen a la familia cristiana con la Iglesia. La Iglesia es Madre y por tanto, tiene la capacidad de engendrar, educar y acompañar a la familia en el cumplimiento de la misión que el mismo Señor le ha encomendado. En virtud de esta maternidad, le proporciona el pan de la Palabra y de los sacramentos y la conduce a la vivencia cotidiana de la caridad a ejemplo del Señor.

 Por otra parte, la familia cristiana se hace comunidad “salvadora” para sus miembros, al participar también como comunidad “salvada”, del agua viva que recibe de la misma fuente eclesial, pues Dios ha constituido a su Pueblo Santo como  signo e instrumento de salvación para todos. (cf. F.C.49)

Es necesario pensar también, en el papel tan esencial que tiene la familia en la misión evangelizadora de la Iglesia, pues como comunidad creyente y evangelizadora, los esposos y padres cristianos en ella, trasmiten la Palabra del Señor a sus hijos y al entorno familiar, sembrando así la buena semilla del Reino en el ambiente donde normalmente desarrollan su vida. Aquí se destaca también el carácter misionero que la familia tiene, enviada a hacer presente a Jesús, más allá de su propia vida doméstica. Debemos recordar que las Comunidades Eclesiales Misioneras, que promovemos en nuestro proceso pastoral, tienen como una base fundamental a las mismas familias misioneras, para su configuración y crecimiento. Y, cómo no reconocer el papel fundamental de la familia en el camino de la iniciación cristiana de sus miembros, que posibilita su madurez y condiciones para las distintas opciones vocacionales y a su vez, es soporte indispensable en el cumplimiento de la misión y  construcción del Pueblo de Dios, como comunidad de comunidades.

El Papa Francisco en su Exhortación “La Alegría del Amor” nos recuerda que “la Iglesia es familia de familias, constantemente enriquecida por la vida de todas las Iglesias domésticas. Por lo tanto, en virtud del sacramento del matrimonio cada familia se convierte, a todos los efectos, en un bien para la Iglesia”. En este sentido, continúa comentando el Papa, constituye un gran valor para la Iglesia hoy el considerar la reciprocidad entre familia e Iglesia: “la iglesia es un bien para la familia, la familia es un bien para la Iglesia” (cf. # 87).

Pidamos juntos al Señor para que las familias cristianas especialmente, no se desvirtúen y puedan ser siempre presencia, signo y reflejo de la gran Familia de Dios, que es la Iglesia. Con mi fraterno saludo y bendición.

 

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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