LA DIÓCESIS, LUGAR DE COMUNIÓN

Queridos hermanos y hermanas: en este bimestre hacemos el énfasis en la Diócesis o Iglesia particular, como lugar de encuentro con el Señor y comunión. Es importante discernir y comprender el enorme significado que tiene nuestra Arquidiócesis, a la que pertenecemos y en la que se realiza en concreto, el camino de santificación y misión. Repasemos, en primer lugar, que es una diócesis.

El concilio Vaticano II la define con mucha precisión cuando afirma: “La diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía al Obispo para ser apacentada con la cooperación de su presbiterio, de suerte que, adherida a su Pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en que se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es una, santa, católica, y apostólica.” (CH.D.11)

Esta descripción, como lo podemos ver, enumera cada uno los aspectos que nos permiten convivir y participar en la casa común como Iglesia-comunidad. Somos una parte de ese gran Pueblo de Dios, que es la Iglesia universal. Esto despierta el sentido de fraternidad y solidaridad con las demás diócesis y jurisdicciones que hay en el mundo entero en la comunión de la misma fe y con el sucesor de Pedro, el Papa Francisco. También nos invita a pensar en la misión más allá de nuestras propias fronteras, como puede ser el trabajo misionero en lugares y ambientes donde no ha llegado el Evangelio. Por otra parte vemos que está presidida por el Obispo, que como sucesor de los apóstoles tiene la responsabilidad de guiarla, acompañarla con todos los medios que Dios le entrega para este propósito, como garantía de unidad en el Señor. Pero su trabajo no sería posible sin la ayuda de los presbíteros, quienes como “próvidos cooperadores del orden episcopal”, como también los llama el Concilio Vaticano II, ejercen, unidos a su Obispo, el ministerio al servicio del Pueblo de Dios o Iglesia.

Qué importante es pensar también que esta comunidad, reunida por su pastor propio, en el Espíritu Santo, tiene como aglutinante fundamental el Evangelio, predicado y vivido, y también la Eucaristía, presencia viva del Señor Resucitado, que con los demás sacramentos y la práctica cotidiana de la caridad y solidaridad, constituyen una Iglesia propia, particular, próxima, concreta y cercana para todos sus fieles, llamados a hacer suyas la unidad, la santidad personal y comunitaria así como su sentido de pertenencia a la Iglesia universal y con abierto espíritu de corresponsabilidad con todos los llamados por el Buen Pastor a la salvación, es decir, todo ser humano.

Es necesario reconocer como parte de la propia identidad, el ser y misión de nuestra Arquidiócesis de Bucaramanga, tan bendecida por el Señor y seguir trabajando por ella, cada uno desde su vocación, carismas y talentos recibidos de Dios, siguiendo con lealtad y buena disponibilidad el plan de pastoral que hemos adoptado y actualizado (PDER), como expresión de acatamiento a Él que nos guía y acompaña. Estamos invitados también a orar por nuestra Arquidiócesis y a realizar con entusiasmo las acciones significativas indicadas para este bimestre. Con mi fraternal saludo y bendición.

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

 

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