LA PARROQUIA, COMUNIDAD DE COMUNIDADES

Queridos hermanos y hermanas:

En este mes estamos invitados a reflexionar sobre la parroquia como comunidad de comunidades. En diversas ocasiones hemos hecho referencia a la espiritualidad de comunión que está en la esencia de la construcción dinámica y perseverante de la vida de la Iglesia y, por consiguiente, de las diversas comunidades que la componen, entre ellas, de modo privilegiado, sus parroquias.

Recordemos que fue el Concilio Vaticano II quien reafirmó esta realidad, expresada por el Señor de modo tan contundente, de ser la unidad, la comunión de todos, el ambiente propio de la salvación que Él nos legó: que todos seamos uno para que el mundo crea. Esa unidad y comunión se concreta en las diversas comunidades que, como células vivas, hacen el todo orgánico de la Iglesia, unidas a Cristo, su Cabeza.

Así como la Diócesis o Iglesia Particular no se entendería en su identidad y misión si no es por la articulación consciente y libre, con la libertad de los hijos de Dios, animada por la fe común en el Señor Resucitado, del mismo modo, las parroquias no podrían lograr su renovación e identificación con la Iglesia Universal y Particular, si no es mediante su edificación contínua como comunidad de comunidades, grupos y movimientos, todos con este espíritu y voluntad de unidad que es a su vez, don del Espíritu Santo.

En estas comunidades van creciendo, madurando y adquieren identidad los discípulos misioneros, como responsables de la evangelización de hombres y mujeres en cada ambiente. “El espíritu Santo que actúa en Jesucristo es también enviado a todos en cuanto a miembros de la comunidad, porque su acción no se limita al ámbito individual, sino que abre siempre a las comunidades a la tarea misionera, así como ocurrió en Pentecostés” (Cf. Hch 2,1-13). (D.A.171)

Los Párrocos, en este caso y los demás animadores por encargo expreso y vocación, tienen la responsabilidad en conciencia de trabajar, unidos a su obispo y demás sacerdotes, junto con el Pueblo de Dios a ellos confiado, sin pausa y sin particularísimos, en este esperanzador propósito. Nuestro Plan de Pastoral, (PDER) se sitúa como medio necesario para el logro permanente de este propósito.

Finalmente, es importante pensar en la gran tarea de ir construyendo las CEM o Comunidades Eclesiales Misioneras, en nuestras Parroquias, pues ellas serán testimonio cercano, eficaz y perseverante, de este modo de construir la Iglesia por Dios querida. Con mi fraterno saludo y bendición.

 

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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