La pastoral digital es uno de los grandes retos de la Iglesia, según los Padres Sinodales

Redacción ACI Prensa

Los Padres Sinodales reflexionaron en las Congregaciones Generales de este miércoles 17 de octubre, y del martes 16, sobre la necesidad de dotar a la pastoral juvenil de herramientas digitales, y de un lenguaje adaptado a las nuevas tecnologías de la comunicación, que permita a la Iglesia llegar a las nuevas generaciones consideradas “nativas” digitales.

Según informó el Prefecto del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, Paolo Ruffini, en declaraciones a los medios de comunicación en el Vaticano, los trabajos del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes dieron una especial importancia a la pastoral digital.

Se discutió sobre “cómo la Iglesia puede tener presencia en las redes sociales, porque la Iglesia debe ir allá donde se encuentren los jóvenes, a un lugar que es virtual pero que también es real, donde se encuentran los jóvenes, pero donde incluso se dan conversiones, y donde, a veces se da una lectura fanática de la palabra de Dios”. “Hay que llevar al mundo digital la pastoral bíblica y evitar que prospere el fundamentalismo en las redes”, fue una de las ideas que se plasmaron en los debates, según señaló Paolo Ruffini.

Se planteó de qué forma la Iglesia puede estar en el mundo digital “para dar acompañamiento y para ser misionera en el mundo digital, abriendo un camino al estilo cristiano, protagonizando la vida de los jóvenes con prudencia y con responsabilidad”.

Migración juvenil

Además, durante los temas volvió a surgir el tema de la migración juvenil, que se está convirtiendo en uno de los principales temas de este Sínodo. De hecho, según Paolo Ruffini, “quizás sea el tema que más se ha discutido por parte de los Padres Sinodales”.

Sin embargo, en las sesiones de ayer y hoy se analizaron nuevos aspectos de esta migración. En concreto, se puso el acento no sólo en aquella migración más visible o mediática, que es la que se produce entre países o incluso entre continentes de forma clandestina por medio de redes de tráfico de personas que explotan a los migrantes.

En este sentido, se habló de las migraciones dentro de los propios países que protagonizan jóvenes de zonas rurales a las ciudades para estudiar en la universidad o para trabajar y que, en muchos casos, no retorna con posterioridad, causando así un abandono progresivo del campo.

Los Padres Sinodales quisieron hablar, de forma más específica, del acompañamiento de esos jóvenes, y cómo ayudarles para que no vean sus aspiraciones frustradas.

Para ello, se señaló la importancia del acompañamiento para evitar que, lejos de sus hogares, de sus entornos y de sus familias, terminen “desorientados y aplastados por la experiencia urbana”. “Son necesarios los capellanes, los acompañantes adultos y los directores espirituales para ayudar a esos jóvenes”.

Paolo Ruffini destacó que en muchos países de origen de los migrantes “8 de cada 10 jóvenes piensan que, emigrando, encontrarán un camino para salir de la pobreza”. Sin embargo, “un altísimo porcentaje no consiguen su objetivo al llegar a su destino y son advertidos luego como un problema y no como un recurso”.

Es necesario, también, “que en la Iglesia se produzca un cambio de mentalidad y que estos jóvenes sean considerados como una bendición, y sean centrales en el liderazgo y caminen con los consagrados, construyendo una pastoral juvenil en la que se impliquen cada día más”.

Otros temas

Otros temas que se trataron han sido la necesidad de que sea la Iglesia la que acuda a buscar a los jóvenes extraviados, esclavizados por las adicciones a las drogas o al alcohol, o que se encuentren atrapados en redes de delincuencia.

En algunas intervenciones en las Congregaciones Generales “se subrayó también la importancia de la enseñanza en las escuelas y universidades católicas, donde es necesario percibir la especificidad y la riqueza del mensaje cristiano”.

Asimismo, se habló de la situación de los jóvenes cristianos en Oriente Medio. Se recordó que muchos jóvenes en Oriente Medio fueron asesinados por su fe, y que los jóvenes de Oriente Medio son testigos de la vitalidad de la Iglesia y que todo el pueblo de Dios debe rezar por la paz en esta tierra.

También se señaló que “los jóvenes se encuentran rodeados por una cultura hedonista, materialista que quiere cancelar a Dios en el corazón humano reemplazándolo por el placer, el dinero y todo lo que destruye a la familia”.

Por eso “es necesario tener pastores de la Iglesia que sean testigos, modelos de una forma de ser y que, siguiendo el ejemplo de Jesús y según las bienaventuranzas, estén cerca de los pobres y los abandonados, y estén preparados para entregar su vida”.

En los debates se puso de relieve que “los jóvenes necesitan a personas que les enseñen el camino, que les enseñen a rezar, personas que les ayuden a descubrir el significado de la eucaristía. Los jóvenes nos instan a que les enseñemos el camino de la santidad, y quieren ver que el celibato, la castidad, son virtudes posibles, y para eso interpelan a los catequistas y a los sacerdotes”.

“Los jóvenes quieren transparencia, frescura, quieren conversión pastoral y misionera, quieren participar en la Iglesia, quieren hacer proposiciones y quieren ser acompañados por personas que sean sinceros. Los jóvenes necesitan a Obispos que no sean oficinistas”, insistieron los Padres Sinodales.

 

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