UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA

Queridos hermanos y hermanas: sobre el tema que nos ocupa en este bimestre, la Iglesia universal, nos detenemos ahora un poco en los atributos o notas propias de ella, que la caracterizan e indican rasgos esenciales de su ser y misión, inseparables entre sí: la Iglesia es una, santa, católica y apostólica. Estas cualidades son dadas por Cristo mismo y Él es también quien la llama a ejercitarlas.

La Iglesia es una porque tiene su origen en la unidad de un solo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad de personas. Por otra parte, se debe a que su fundador es Cristo, quien en la cruz reconcilió a todos los hombres con Dios restituyendo la unidad perdida, en un solo pueblo. Además la Iglesia es una, porque tiene como alma al Espíritu Santo quien habita en los creyentes y gobierna a toda la Iglesia realizando la comunión de todos, pues Él es el Principio de la unidad. No obstante, el Pueblo de Dios se presenta con una gran diversidad que procede de los diversos dones que Dios da a cada uno y de la multiplicidad de personas que los reciben. Y todo esto es una gran riqueza que no se opone de ninguna manera a la unidad de la Iglesia. Lo que amenaza la unidad es el pecado.

Pero es también santa la Iglesia porque procede de Dios que es Santo. Cristo se entregó a ella para santificarla. Es el santo Pueblo de Dios. Además ella es también santificadora pues a ella Dios le dio todos los medios y las gracias para que sus miembros alcancen la santidad. En la tierra la Iglesia se caracteriza por una santidad todavía imperfecta, pues nosotros sus miembros, somos pecadores e imperfectos. La caridad es el alma de la santidad a la que todos estamos llamados.

Pero la Iglesia es también católica – que significa “universal” –  en un doble sentido: el primero, porque Cristo siempre está presente en ella y en segundo lugar porque ha sido enviada por Cristo en misión a todo el género humano (cfr. Mt 28,19). El Pueblo de Dios está llamado a extenderse y a incorporar a todo el mundo, en todos los siglos hasta los confines de la tierra, sin excluir a nadie, pues tal es la voluntad del Padre Dios como un gran don de su amor y de su misericordia. Será por tanto una tarea permanente de la Iglesia realizar esta tarea misionera.

Finalmente la Iglesia es apostólica en primer lugar, porque está fundada sobre los apóstoles, según la voluntad de Cristo. Edificada sobre ellos, como fundamento y testigos escogidos, son enviados en misión por el mismo Cristo. Pero también porque guarda y transmite, guiada por el Espíritu Santo la enseñanza, el buen depósito y las sanas palabras recibidas y oídas de los apóstoles. Además ella sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles hasta la vuelta del Señor, a través de quienes le suceden en el ministerio pastoral: el colegio de los obispos, “a los que asisten los presbíteros juntamente con el sucesor de Pedro, Sumo Pastor de la Iglesia” (AG 5) (Cfr. Catecismo #811-865).

Razones de más, para amar a nuestra Iglesia, orar y trabajar por ella y con ella, sin desmayo, como auténticos discípulos misioneros. Con mi fraterno saludo y bendición.

 

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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