15 de Agosto inolvidable

Por: Hugo Ramírez García, Pbro. Párroco San Antonio del Carrizal, Girón

El 1º de agosto de 1995, después de una noche en tren desde Roma, durmiendo en un camarote, llegué con mucha ilusión a conocer París, y el 15 de agosto, fiesta en Francia, de la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María a los Cielos, pasando por la Catedral de Notre Dame, me encontré con la bella sorpresa, de la celebración litúrgica de las Vísperas y al final, Procesión por el centro de París.

Todo aquello, me parecía admirable y consolador. 200 años atrás, en la Revolución Francesa, conflicto social y político que convulsionó a Francia y marcó el final definitivo del feudalismo y del absolutismo en ese país, terminando con el Antiguo Régimen, con base en el discurso e iniciativas capaces de volverlo ilegítimo, sentando las bases de la democracia moderna, allí, en ese mismo lugar donde me encontraba, en medio de una asamblea que llenaba la Catedral, entre salmos cantados con melodías hermosas, en gregoriano, canto propio y natural de la Iglesia, como lo afirma el Concilio Vaticano II, en el altar mayor que estaba viendo, allí, el 10 de noviembre de 1793, en medio del movimiento cultural e intelectual de la época, llamado la Ilustración, se le consagró el altar, a la diosa de la Razón. Lo que más me asombró, fue la manifestación de fe y devoción cristiana, católica y el compartir eclesial de los parisenses, al terminar la liturgia y salir en procesión, en una tarde de sol de verano, por las calles céntricas de la Isla de la Cité, rodeada por las aguas del río Sena.

Me pregunté, ¿por qué para los colombianos el 15 de agosto, ya no es fiesta? Pregunta que le hice hace poco a un gran amigo de Madrid, sobre las fiestas católicas en España, y él, que se aprestaba a celebrar una de las tantas fiestas litúrgica del año, me respondió: en España no han podido quitar las fiestas porque están en el corazón de las gentes, de los pueblos y regiones. Ahora, una pregunta para nosotros: ¿Podríamos los colombianos motivar a recuperar y celebrar festivos que están marcados en las comunidades, como se hace en España, v.gr., la fiesta de Reyes y de San José y de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en el Municipio de Charta? El sembrador de trigo es el Señor y sus enviados, y el campo es el mundo. Sembremos la buena semilla y tendremos frutos que deleitar en solemnidades y fiestas. Las perdimos, tal vez, porque se habían descristianizado con ritos vacíos y celebraciones con trago, desordenes y muertos. Volveremos, sin duda alguna, a celebrar solemne y alegremente con toda la comunidad, cuando nos centremos en el misterio del Amor, manifestado en Cristo Jesús, que salva y redime a los cautivos de los vicios, a los seducidos por la codicia, a los muertos que viven sin sentido. Entonces, no hay quien nos quite la fiesta, la celebración y la alegría, en un momento el Señor cambiaría nuestra suerte.

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