¿Cómo acudir a la Virgen María durante el COVID-19?

Por:  Padre Stanslaus Joseph Mnyawami, imc. – Delegado Episcopal de la Animación Misionera

 El ángel le dijo: no temas, María, porque has hallado gracia, el Señor está contigo (Lucas 1, 30)…

Porque nada hay imposible para Dios (Lucas 1,37)…  

¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? (Lucas 1,43)

¡Llegó el mes de mayo. Llegó el mes de la Virgen María! Y ¡ojo! Con esta vida en cuarentena del COVID-19 corremos el riesgo de que pasen los días y meses sin darnos cuenta del dinamismo del tiempo, como si martes fuera igual a domingo y abril a mayo.

Sin embargo, para los discípulos misioneros de Jesús, este mes nos implica sentir más fuerte el manto de la virgen María que nos cobija con un cariño maternal (Cf. DA, 265). De hecho, a la víspera de la solemnidad de la Anunciación del Señor, hace poco, el CELAM propuso que todas las Conferencias Episcopales hicieran un acto de consagración a la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Guadalupe. Es verdad que donde abundan terror, temor y zozobra por esta crisis que padecemos esta consagración inspira fe y esperanza. Las razones de tal convicción son muchas.

Afortunadamente, ya sabemos la fuerza de la Virgen María en consolarnos durante las aflicciones y tribulaciones. Ella es la consolata (la consolada) porque primero Dios la consoló y luego ella nos trajo a Jesús, nuestro mayor Consuelo. Los musulmanes también la veneran como Nuestra Señora – Sayyida – y la mejor de las mujeres (Corán 3, 42-43). De hecho, uno de los títulos de la Santísima Virgen María en la letanía es CONSOLADORA DE LOS AFLIGIDOS. El profeta Isaías ya había profetizado: Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice el Señor (Isaías 40,1) y luego concluye con elocuencia diciendo: Mientras que los que esperan en Yahveh Él les renovará el vigor, subirán con alas como de águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse” (Isaías 40,31). María, siendo Madre de la Iglesia, es nuestra poderosa intercesora que implora a Dios este consuelo a sus hijos afligidos, incluso de esta pandemia del COVID-19. Pero ¿será que sabemos cómo acudir a ella en las aflicciones? No podemos invocar a María sólo para pedirle milagros, sino, en primer lugar, imitando sus virtudes para superar las pruebas de esta vida. Aquí les propongo tres maneras de cómo ponernos bajo su amparo.

Primero, venciendo el miedo. En la anunciación, el Arcángel Gabriel enviado de parte de Dios, le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia, el Señor está contigo (Lucas, 1,30). Ella superó su miedo inicial y se convirtió en madre de Jesús, madre de Dios, madre de los discípulos misioneros (Cf. DA, 266). Su fe y su confianza en Dios le dieron mucha fortaleza. En la fiesta de la Anunciación, en Líbano, cristianos y musulmanes rezaron juntos pidiendo a María el fin de la pandemia (https://www.fides.org/es/news/67623/-ASIA-LIBANO). Nada es imposible para Dios. Es tanto así que en su aparición, allí en el Tepeyac, María hizo un diálogo con el indígena Juan Diego, diciendo: No temas, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu madre? Sí. Tenemos miedo de confesar nuestra fe, de enfermedades, muerte, de un futuro incierto, de falta de dinero, entre otras realidades que nos afligen. Cuando Jesús Resucitado reaparece a sus discípulos, también les dice que no tengan miedo. Entonces, frente al Coronavirus, debemos cuidarnos pero nunca tengamos el pánico y miedo. En la oración del Santo Rosario invoquemos a la Virgen María, Consoladora de los Afligidos, a que,  “hagamos lo que Jesús nos diga” (Juan 2,5) sin miedo.

Segundo, consagrándonos a la Virgen de Guadalupe contra el COVID-19. El Papa Francisco envió un mensaje hasta el Tepeyac pidiendo a los católicos de toda la región a estar unidos pues no es posible salvarse cada uno por su cuenta. Los obispos de CELAM también propusieron a las Conferencias Episcopales realizar esta consagración, ya que ella es la Protectora de toda América Latina y el Caribe. Su aparición en el continente es un signo profundo de cercanía e inculturación de la fe. En muchas diócesis han construido templos dedicados a la Virgen de Guadalupe. El Domingo de Resurrección se realizó la consagración desde la Basílica en México. En nuestra arquidiócesis también ya se hizo popular la devoción a la Guadalupana y hay un bello santuario en construcción. Tratemos que en esta pandemia no nos falten “las rosas de Guadalupe” para mitigar las tristezas con la belleza y ternura de la “Madre del Cielo.” Una parte de la oración consagratoria dice así:

Santísima Virgen María, “Madre de Dios y Madre de América Latina y del Caribe, Estrella de la evangelización renovada, primera discípula y gran misionera de nuestros pueblos”, sé fortaleza de los moribundos y consuelo de quienes los lloran; sé caricia maternal que conforta a los enfermos; sé compañía de los profesionales de la salud que los cuidan; y para todos nosotros, Madre, sé presencia y ternura en cuyos brazos todos encontremos seguridad.

Tercero, Derrotando el COVID-19 con “los anticuerpos de la solidaridad.” Hay distintas formas de solidaridad con los más vulnerables en esta cuarentena. Estas iniciativas el Papa Francisco las llama “los anticuerpos de la solidaridad.” Es verdad que todos sufrimos una pobreza generalizada por los impedimentos que el confinamiento obligatorio nos generó. No obstante, podemos “dar desde nuestra pobreza” y abrir nuestra mano a los más necesitados, orando y donando algo de dinero o mercados. Hay varios grupos: la gente que sólo vivía de rebusque diario, los encarcelados, los habitantes de la calle y zonas más vulnerables del país, los enfermos, entre otros. Hagamos que un necesitado piense, ¿de dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí? (Lucas 1, 43). María nos dejó este ejemplo siendo solidaria con su prima Isabel, ya que los discípulos misioneros tenemos muchos “primos y hermanos” con los cuales estamos remando en la misma barca. Pidámosle que nos ayude a encontrar formas creativas de generosidad, bondad y solidaridad.

En síntesis, el mes de mayo nos recuerda cómo aprovechar al máximo las virtudes de la Virgen María. Acudamos a su intercesión e imitemos su fortaleza, pues nada hay imposible par Dios.

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