LA VOZ DEL PASTOR: CONOCER Y AMAR A DIOS

Por: Monseñor Ismael Rueda Sierra – Arzobispo de Bucaramanga

Queridos hermanos y hermanas: en el Plan de Pastoral, hemos iniciado el quinquenio del discipulado, en su aspecto esencial de la Iniciación Cristiana. Un propósito fundamental para juntos madurar en la fe. En este mes de febrero comenzamos reflexionando sobre algo fundamental en el que es necesario detenernos, pues a menudo se da por sabido o experimentado y no obstante estar como un sello especial en cada uno de nosotros, sin embargo a veces, o pasa desapercibido, o se trata con indiferencia o incluso se rechaza. Estamos hablando de la capacidad y la vocación de cada ser humano, de cada uno de nosotros para conocer, amar, relacionarnos y entrar en comunión y servir para su gloria y nuestro propio bien a Dios, a quien llamamos Padre.

En efecto, el catecismo de la Iglesia, nos introduce a esta realidad diciendo que “El hombre es ‘capaz’ de Dios”. Quiere esto decir que al crearnos Dios a su propia imagen y semejanza, inscribió en el corazón de cada ser humano el deseo del encuentro con Él, como un acontecimiento, como una persona con la cual se puede relacionar. Y no obstante que si por parte de la persona humana, quisiera rehuir esta realidad, Dios siempre busca el modo de encontrarla, de atraerla a sí para que halle en Él, la plenitud de la vida y la verdadera felicidad a la que todos aspiramos. San Agustín nos recuerda esta experiencia cuando exclama: “Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto mientras no descanse en ti”.

De aquí deriva el por qué se considera a la persona humana como esencialmente religiosa, es decir que es ‘capaz’, tiene la posibilidad de establecer una relación de encuentro y comunión con Dios, otorgándole al hombre lo que constituye su dignidad fundamental, que viene a ser, reconocerlo como su propio hijo por adopción. ¿Y que título más grande pudiéramos exhibir que éste de ser hijos de Dios?

Pero Dios mismo en su sabiduría, nos entregó la posibilidad y diríamos, las herramientas, para conocerlo, de modo que ninguna persona permaneciera en obscuridad, ni “a tientas” tuviera que esforzarse para vivir esta experiencia de conocer a Dios. En efecto, a partir de todo lo creado, es decir, este mundo que contemplamos con tanta belleza y variedad, invitados hoy más que nunca con tanta vehemencia a reconocerlo y cuidarlo como “ecología integral”, por una parte, y en el ser humano, por otra, por medio de la razón, se puede entrar con certeza en el conocimiento de Dios, para reconocerlo como principio y fin del universo y como fuente inagotable de bien, de verdad y de belleza.

Pero aquí no se agota la posibilidad y la capacidad para conocer a Dios. La sola razón es limitada y encuentra muchas dificultades para comprender y  extasiarse ante la inmensidad del misterio de Dios. Por eso Él mismo ha querido manifestarse con su Revelación, es decir mediante su manifestación directa, amorosa y cercana a nosotros, por medio de acontecimientos y palabras. Quiere esto decir que Dios mismo viene al encuentro del hombre y lo hace a través de su Hijo Jesucristo, en la plenitud de los tiempos. Él es la Luz que alumbra a todo hombre y quien manifiesta con claridad el ser y la vida de Dios que es Padre, que es Hijo y que es Espíritu Santo y cuál es su voluntad.

Tenemos que dar gracias a Dios por el inmenso don de poderlo conocer, amar y seguir y porque Él nos ha encontrado y nos ha hecho sus hijos.

Con mi fraterno saludo y bendición.

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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