EN CANÁ DE GALILEA

Queridos hermanos y hermanas: un texto sugerido para la meditación en este tercer mes del Año Mariano, es el de las bodas de Caná, que narra el evangelio de Juan, al inicio del ministerio público de Jesús … “Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea; allí estaba la Madre de Jesús..” (Jn 2,1). Allí estaba María porque dónde está Jesús no puede faltar su Madre bendita, no como acompañante pasiva, sino con atención alerta en personas y necesidades para ayudar con prontitud. En efecto, pronto se da cuenta del bochorno que podrían pasar aquellos jóvenes recién casados al faltarles el vino acostumbrado, en estas ocasiones, para atender a los invitados. Recurre a Jesús. ¿A quien más? Pudo parecer impertinente: “¿qué quieres de mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora” (v.4). Sin embargo, ¿cómo negarle a la Madre está súplica? Y sin más, aquella singular y memorable frase que salió de labios de María, sin esperar un instante más: “hagan lo que él les diga” (v.5).

Pero esta exhortación a los servidores, es decir a los que están en disposición de colaborar en la obra de Jesús, ciertamente no era una frase hecha, ni menos improvisada. Era el talante propio y la expresión normal de la persona que guardaba en su corazón los acontecimientos y lo que Dios le inspiraba para, en la acción, hacer su voluntad. Es la invitación a mirar a su Hijo, escucharlo y con la obediencia de la fe permitir que, con sus palabras, sus gestos y los signos, acontezca para nosotros la cercanía y la misericordia de Dios. Y así se hizo, y el resultado fue aquella abundante cantidad de vino nuevo y el mejor, signo de la Nueva Alianza que en su “hora”, la hora de la cruz, Jesús nos entregó para la redención de la humanidad.

Nos corresponde, a la luz de este hermoso pasaje bíblico, reconocer por qué María nos lleva siempre a Jesús, dado que su interés fundamental es hacer que nos encontremos con él para construir, a partir de ese encuentro, el propio proyecto de vida y el camino que hacemos con los demás hermanos y hermanas en comunidad. Entendemos también, por qué María es “Madre de misericordia”, pues al conocer ella nuestras propias necesidades, las atiende con prontitud por su constante intercesión. Y María nos da el mejor consejo para perseverar en el camino que nos lleva al Padre y conduce también al amor y solidaridad con los hermanos: hacer siempre lo que Dios nos indica. Su solicitud y preocupación por quien tiene necesidades, es igualmente una invitación a salir de nosotros mismos para auxiliar a quienes esperan la ayuda oportuna, como son especialmente los pobres y personas de periferias sociales y existenciales, como insiste el papa Francisco. Es decir, invitación a vivir la solidaridad. Pidamos en esta cuaresma al Señor que infunda en nosotros estas actitudes y disposiciones, aprendidas del ejemplo de María.

Con mi fraterno saludo y bendición.

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

 

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