EUCARISTÍA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Por: Delegación de Comunicaciones – [email protected]

En la Catedral Metropolitana de la Sagrada Familia nuestro Arzobispo, Monseñor Ismael Rueda Sierra, presidió el martes 24 de diciembre a las 8:30 p.m. la Santa Eucaristía de la “Natividad del Señor” siendo concelebrada por el padre Leivi Leonardo Gutiérrez Motta, Vicario General, el padre Adolfo León, Párroco de la Sagrada Familia y el padre Oscar Ochoa, Vicario Parroquial.

En la homilía Monseñor Ismael Rueda Sierra reflexionó sobre el valor de la vida. “¡Queridos hermanos y hermanas en Cristo el Señor! Ésta es una noche de alegría, de luz. Así lo hemos estado esperando durante todo este tiempo de preparación en el Adviento, para esta gran celebración del Nacimiento de Jesús, y por eso, se encienden las luces, irrumpen las luces en medio de la oscuridad, tal como nos lo recuerda hoy el profeta Isaías, porque Cristo el Señor ha llegado a nosotros como nuestra luz, Él viene a disipar toda oscuridad del corazón humano. Durante el Adviento hemos preparado nuestro corazón para abrirlo totalmente a Él, al Señor, diciéndole como lo hacíamos en los villancicos: ¡Ven a nuestras almas, Ven no tardes tanto! y ahora con gozo, con alegría, estamos celebrando ésta Navidad.

El mismo texto de Isaías indica los motivos de ese gozo, de esa alegría que se acrecienta, y es que un ‘Niño Nos ha nacido’, qué importante es hacer ese énfasis en ‘Nos ha nacido’, no es que simplemente un niño nació, sino que a nosotros, a nuestro pueblo, a la humanidad, le llegó una persona, concreta, el Hijo de Dios que se hace hombre, se hace cercano a todos, compartiendo nuestra naturaleza humana, en todo semejante menos en el pecado; por eso es nuestro, es muy nuestro, en favor de nosotros. El apóstol Pablo reflexionando sobre el misterio de ésta manifestación del Señor hacia nosotros lo traduce como una Gracia especial, Cristo es para la humanidad una gracia, un Don, el mayor Don que hemos recibido, el que nos empieza a dar sentido a la vida, el que viene a retirar toda oscuridad, todo mal, todo pecado, a dejarnos más livianos en la vida para poder transitarla y por eso el apóstol hace mención de esa gracia, de ese Don, que no es otro que el mismo amor de Dios, su misericordia, su cercanía expresada en su Hijo, Jesucristo cercano a nosotros.  

De tal manera que es el amor el que viene, para que nosotros aprendamos en la Escuela del amor de Dios lo que significa amarlo a Él, y mirándonos en nuestros hermanos, miramos el rostro de Cristo, ese niño recién nacido, el cual contemplamos en estos días, podamos reconocer en cada uno de ellos la imagen y semejanza de Dios, para amarlo, servirlo, ser solidario con él y reconocerlo como parte de la familia humana. Todo esto es el efecto maravilloso que nos trae entre otros tantos Dones, el Nacimiento de Jesús. Y se anuncia que esa presencia no es temporal, es una presencia definitiva porque su Reino, su Reinado, – porque él es Rey en su humildad – es Eterno, y que por tanto, ya nunca más tendremos nosotros que experimentar una ausencia, una soledad, un vacío; porque siempre sabremos que el Señor está con nosotros, ha nacido para nosotros, está en cada uno de nosotros.  

Pero la Palabra de Dios que acabamos de proclamar nos narra este misterio en una forma tan sencilla, tan transparente y tan gráfica, en cada uno de sus detalles, que nos permite poderlo contemplar cómo lo hacemos en el pesebre y por eso en esas narraciones se nos presenta la escena en Belén de Judá, donde sin tener dónde refugiarse, allí nace Jesús, María lo envuelve en pañales y lo deja descansar en un pesebre. Allí nace el Salvador del mundo, el Rey de los siglos, el Señor de la historia. Qué misterio tan grande del amor de Dios, qué contraste tan extraordinario con el pensamiento del mundo, de nosotros los seres humanos, que veces no entendemos que Dios tiene sus modos de manifestarse tan particulares, tan especiales, que nos dejan realmente admirados y hasta confundidos, cuando queremos acudir a la prepotencia, al dominio, a la apariencia, el señor se nos manifiesta en la pequeñez, en la humildad, la sencillez y de esa manera nos  da una lección profunda de vida a todos nosotros.

Pero aparecen los primeros visitantes, los primeros que tiene el privilegio en nombre de la humanidad, ellos humildes y sencillos como Jesús, los pastorcitos, que estaban aquella noche cuidando su rebaño; eran las personas que normalmente estaban esperando en la fe la realización de los designios de Dios; ellos tiene que ser para nosotros el ejemplo de nuestra búsqueda, de nuestra espera permanente de la llegada de Jesús a nuestra vida, sencillo, para enseñarnos también el camino de la sencillez para encontrar a Jesús, para encontrar a Dios. Y corren presurosos a ofrecerle su vida, lo que tiene, lo que Dios mismo les ha dado como signo de gratitud, de alegría, para indicar en ese detalle que le llevan que Cristo es el Gran Don, el gran regalo que hemos recibido.

Por eso queridos hermanos y hermanas al detenernos todos en este misterio de la Navidad, tenemos que dar gracias a Dios en la alegría, por tanto que el señor nos ha dado para nuestro bien, para indicarnos el camino de la vida, para que siguiéndolo a Él podamos gozarnos en Él aun en medio de los retos, las dificultades que la vida cotidiana y la vida del mundo nos presenta. Navidad es para todos nosotros y la humanidad fiesta de alegría y de paz, signo de amor y de reconciliación, oportunidad para el perdón, para una vida nueva, para empezar caminos nuevos y mejores para todos. Es lo que quisiera desearles de todo corazón a todos y cada uno de ustedes, queridos hermanos y hermanas. Que esta Navidad traiga a todos, paz, alegría, generosidad de los unos para con los otros, sentido de amor y de pertenencia a la vida de la Iglesia. Y que para todos nosotros sea una oportunidad de agradecer, de amar y seguir adelante con la mayor esperanza.” ¡Amén!   

Antes de la bendición final con indulgencia plenaria, el señor Arzobispo agradeció a toda la comunidad y al presbiterio por la labor pastoral realizada durante este 2019 y el empeño dado al PDER, de igual manera los exhortó a seguir trabajando por el fortalecimiento del PDER en éste nuevo Quinquenio que iniciamos con ‘La Iniciación Cristiana’.

 

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