LA FAMILIA DE JESÚS

Queridos hermanos y hermanas: en este bimestre se acentúa el papel de María en el camino de la unidad con su Hijo Jesús y con la Iglesia de la que es Madre. Y se proponen varios textos bíblicos y del Magisterio eclesial para profundizar en este valor. Tomemos uno de ellos. En este caso Mateo 12, 46-50, que se refiere al verdadero parentesco con Jesús. El texto alude a la presencia de María y los parientes de Jesús, – que son llamados “hermanos” – cuando Jesús estaba predicando a las multitudes. Una persona le dice a Jesús: “mira, tu Madre y tus hermanos están fuera y desean hablar contigo… Él contestó: ¿quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?  Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: ¡Ahí están mi madre y mis hermanos. Cualquiera que haga la voluntad de mi Padre del cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.” (Cfr. Mt 12,46-50).

Empecemos aclarando que la palabra hermano, en el hebreo del Antiguo Testamento, designaba también a los parientes próximos fueran tíos, primos o sobrinos. Jesús, como es natural, no es que niegue a sus parientes de sangre, empezando por su Madre María, pero con la libertad que lo caracteriza y la visión que tiene para determinar su parentesco con cualquier persona que esté dispuesto a seguirle, contesta de forma contundente. Podría ser que quiere también dejar un mensaje a sus familiares, a quienes invita a seguirlo, no por los vínculos de sangre, sino por la aceptación de la Buena Nueva, que exige la escucha atenta y la respuesta obediente a la Palabra de Dios.

De esta forma Jesús da a conocer un pensamiento realmente revolucionario, en medio de un pueblo en el que el vínculo de sangre era el definidor principal de las relaciones, de la herencia y de las tradiciones. Ahora hay una nueva forma de constituir familia humana, que se convierte en Familia de Dios y a la que toda persona, sin exclusión está invitada a pertenecer y a participar. Es un llamado universal; el origen real del pensamiento de la no-exclusión como se proclama hoy en día, como valor democrático. La invitación a la fraternidad sin límites ni fronteras. Jesús sabe que su misión es reunir y unir lo que se ha dispersado como fruto del pecado y de la injusticia e inequidad humanas.

¿Y dónde queda María en este episodio? Jesús sabía lo que decía. La clave de este nuevo parentesco espiritual está en hacer la voluntad del Padre. Él estaba mirando precisamente a su Madre María y contemplándola como ejemplo, porque siendo su Madre por parentesco de sangre, sin embargo ella fue mucho más allá, al aceptar esa maternidad por una obediencia libre y consciente al Padre Dios, al saber que era la elegida para ser la Madre de su Hijo.  Tal es su respuesta ante el anuncio del Ángel Gabriel: “He aquí la servidora del Señor, hágase en mi según tu palabra” (Lc 1,38).

María pues, nos enseña a vivir la unidad de familia de Dios, cuando nos invita a seguir a Jesús haciendo lo que él nos diga, es decir su voluntad, que es la misma voluntad del Padre, “de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra”, como bellamente lo recordará San Pablo (Cfr. Ef 3,14-15). Con mi fraterno saludo y bendición.

 

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

 

 

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