MARÍA, DISCÍPULA MISIONERA

Por: Monseñor Ismael Rueda Sierra – Arzobispo de Bucaramanga

Queridos hermanos y hermanas: “después de Cristo, -María- ocupa en la santa Iglesia el lugar más alto y a la vez el más próximo a nosotros” (LG 54). Estas palabras del Concilio Vaticano II, nos hacen pensar en el significado singular que tiene María como ejemplo de vida cuando fijamos nuestra atención en Jesús, el Maestro y el Señor que nos invita a ser discípulos suyos y a anunciarlo. Así pues, a Ella la vemos como la realización máxima del estilo de vida cristiano, pues por su obediencia y escucha incondicional a la voluntad de Dios y constante meditación y discernimiento de la Palabra y de las acciones de Jesús, es para nosotros su más perfecta discípula.

María por su fe, hace suyo el proyecto del Padre de enviar a su Hijo al mundo para salvarnos convirtiéndose así en el primer miembro de la comunidad de los seguidores de Cristo. Peregrina de la fe, recorrió el camino como Madre de Cristo y luego de los discípulos, como la vemos por el testimonio de los evangelios. En efecto, la elegida de Dios, la “llena de gracia” responde al mensajero celestial con el “sí” de su disponibilidad total, consagrándose así a la persona y a la obra de su Hijo en favor de todos sus hermanos y ésta voluntad de seguimiento y acompañamiento de Jesús por parte de María, se manifiesta entonces desde la concepción de su hijo Jesús hasta la muerte. Y después de la Resurrección perseverando con los apóstoles a la espera del Espíritu Santo se une al nacimiento de la Iglesia, ayudando a convocar multitudes, como Madre de familia, para que también todas ellas puedan seguirlo como verdaderos discípulos misioneros.

Pero María además de discípula excepcional, es misionera diligente. Bellamente el documento de Aparecida describe estos rasgos de la Madre del Señor tan unida a nuestra América como puede verse en el acontecimiento guadalupano cuando en su encuentro con el indígena Juan Diego le anuncia al buen Dios manifestado en su Hijo, “por quien se vive” y lo invita a ir a anunciarlo a otros. Enseña así una forma sencilla y singular para aprender a ser discípulos misioneros de Jesús. Observa el documento en mención que de esta forma María se ha hecho peregrina de cada uno de nuestros pueblos, tomando “los rasgos más nobles y significativos de su gente”. “Ella les pertenece y ellos la sienten como madre y hermana” (Cfr. D.A, 269).

Por otra parte, es necesario considerar que el ejemplo y servicio misionero de María se manifiesta en su prontitud caritativa, como Ella lo manifestó de modo tan singular en la visita a su prima Santa Isabel, a quien le lleva la primicia del anuncio del Hijo de Dios en sus entrañas, unido a su espíritu de servicio y colaboración en la casa de la esposa de Zacarías y madre de Juan el Bautista. Su caridad misionera tiene la preferencia del servicio a los pobres como fue su actitud siguiendo el ejemplo de Jesús, como lo proclama en el Magnificat: el Señor “enaltece a los humildes” y “a los hambrientos colma de bienes” (Lc 1, 52.53). Con mi fraterno saludo.

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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