MARÍA EVANGELIZADORA

Queridos hermanos y hermanas: en el plan de temas de reflexión del presente Año Mariano, se reserva este último de diciembre para que meditemos en María, como Madre de la Evangelización. El Papa Francisco en su exhortación “La Alegría del Evangelio”, reserva también los últimos números para referirse a María como Estrella de la nueva evangelización, recogiendo allí actitudes fundamentales de la Virgen que nos trasmite como ejemplo y como estilo propio en la obra evangelizadora de la Iglesia. En concreto, en primer lugar, la humildad y la ternura, que no son virtudes de los débiles sino de los fuertes en la caridad. Acompaña además el sentido de la justicia que “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1,52.53), como lo proclama en el Magníficat, cuando contagia de calidez de hogar, la búsqueda a veces tan espinosa, de este valor de igualdad y equidad. Por otra parte, María, aporta a la evangelización su capacidad contemplativa que nos ayuda a discernir la voluntad del Padre en la historia y en la vida personal y cotidiana de cada uno y de las comunidades. Nos comunica además, lo que ha sido toda una escuela sinigual en el Pueblo de Dios, traducida primero en la vida monástica y luego heredada como un patrimonio espiritual y estilo de vida para toda la Iglesia: orar y trabajar (“ora et labora”). Pero no se puede olvidar aquella enseñanza evangelizadora de la prontitud para la salida misionera como nos lo narra el evangelio de Lucas (Lc. 1,39). Todo esto hace de María entre otras tantas actitudes un modelo en la tarea evangelizadora. (Cfr. E.G.288).

Es preciso que nos fijemos, por otra parte, como una manera muy cercana, sobre todo desde América Latina, de comprender el talante evangelizador de la Santísima Virgen María, cuando en el cerro del Tepeyac en México, manifiesta su amor y su cercanía al indígena Juan Diego para transmitirle, con urgencia misionera, una forma original de presentar a su hijo, a los habitantes de estos pueblos, invitados por Dios también a la salvación. En esta bella escena y en la magnífica imagen plasmada en la tilma de Juan Diego, se puede leer desde la fe, como María “sale aprisa” y se adelanta en los primeros momentos de evangelización para presentarnos y llevarnos a Jesucristo, con el deseo de ser conocido, seguido, amado y anunciado con ocasión del encuentro de las culturas que dieron origen al pueblo de características mestizas de América latina y el Caribe, como lo revela el rostro de nuestra Señora de Guadalupe. En la manera como María se presentó, según lo narra el relato de la Guadalupana, ella primero se identifica: “Yo soy la siempre virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive” (Nican Mopohua). Diríamos que es un kerigma, o anuncio primero para suscitar la fe y llevar al seguimiento del Cristo vivo y viviente entre nosotros.

No sin razón las conferencias generales del episcopado latinoamericano, y ahora el mismo Papa Francisco, partícipe especialmente en la Conferencia de Aparecida, han destacado la figura y el mensaje propio del acontecimiento guadalupano como un signo cercano del modo como el evangelio se encarna y se hace cultura y vida en los pueblos de nuestro continente americano. Podemos citar, por ejemplo, lo que a propósito dice el documento de Aparecida: “Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el evangelio a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió, junto al humilde Juan Diego, el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu. Desde entonces, son incontables las comunidades que han encontrado en ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús” (D.A.269).

Por ello destaca la importancia de los santuarios marianos como medios privilegiados para evangelizar y atraer a las multitudes a la comunión con Jesús y su Iglesia. Quiera Dios que nuestro Santuario Mariano Arquidiocesano, del barrio La Cumbre, nos ayude en este propósito, de modo que aprendamos de María a ser discípulos misioneros del Señor. Con mi fraterno saludo y bendición en Navidad y Año Nuevo.

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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