MARÍA, LA SIERVA DEL SEÑOR

 

Queridos hermanos y hermanas: estamos caminando en el Año Mariano Arquidiocesano con la oportunidad de discernir en el significado de la vida y vocación de María para nosotros. En cada bimestre resaltaremos, un valor especial. Empezamos con el servicio. En el Evangelio encontramos con insistencia, referido a Jesús y por invitación suya, a servir como expresión de amor y como desprendimiento de la vida. En el relato de la Anunciación, aparece tan destacada la respuesta de María al Ángel Gabriel después de saber que Dios la había elegido para ser Madre de su Hijo: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra” (Lc 1,38). Ella se presenta como la humilde servidora de Dios que ante el asombro que le produce la noticia, manifiesta lo que siempre había testimoniado en su vida: la disponibilidad para guardar en su corazón y llevar a la práctica, lo que el Altísimo tuviera a bien confiarle en favor de sus hermanos. Y no se puede estar dispuesto a la entrega si hay apego a cosas, lugares, personas, conveniencias. María, toda ella, estaba vacía de sí misma con tal de estar llena de Dios y de amor servicial a los demás. El cántico del Magnificat, en labios de María, exalta la grandeza del Señor porque se ha fijado en la humildad de su Sierva, reconociendo sin atribuirse mérito alguno, que es el Dios que todo lo puede, quien en ella ha hecho las obras, y grandes obras; además, describiendo allí la antítesis del servicio y la donación: la soberbia del corazón, la idolatría de la riqueza y la vanidad del poder. (Cfr. Lc 1,46-55).

Basta fijarse también en la escena de las bodas de Caná para encontrar en la actitud de María su solicitud para ayudar a resolver un problema que le causaba pena a los recién casados. Nos enseña que como personas humanas somos sujeto de necesidades; unos más, otros menos; pero siempre necesitados, y que las necesidades se cubren con el cuidado y la atención en la caridad de los unos por los otros. Ella tomó la iniciativa para servir y acude a su Hijo para que le ayude a resolver el problema. Nos enseña que podemos recurrir al Señor siempre y con toda confianza, ante cualquier carencia o necesidad y que Ella está con prontitud dispuesta a interceder, llevándonos hasta Jesús.

El servicio es, pues, inequívoca manifestación, si se hace con desprendimiento, de querer salir de sí mismo para dar de lo que a su vez se ha recibido de la providencia y misericordia de Dios, para ayudar a los hermanos. Y eso ya lo había advertido Jesús: “Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Una buena enseñanza para cambiar el mundo! Santa Teresa de Calcuta decía: “Sabemos bien que aquello que hacemos es sólo una gota en el océano. Pero sin esta gota, el océano no estaría completo. Lo importante no es aquello que hacemos, sino el amor con el que lo hacemos, es necesario hacer pequeñas cosas con mucho amor”.

Con mi fraterno saludo y bendición.

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

 

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