Memorias del Congreso Mariano Arquidiocesano

En la Plegaria Eucarística 1 o Cánon Romano, se invoca a María con especial acento exclamando: “Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos ante todo la memoria de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor…” como una señal inequívoca, entre otras, del reconocimiento primero que hacemos como Pueblo de Dios a aquella que es “reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor” y de quien, “después de Cristo, ocupa en la Iglesia el lugar más alto y a la vez el más próximo a nosotros “ (Cfr. LG 53.54).

Ninguna otra convicción y certeza había en nosotros, cuando acordamos dedicar el quinto y último año de la etapa “del encuentro con Cristo” en el Plan de Pastoral, a la Santísima Virgen María, como camino que nos lleva a Jesús y declararlo Año Mariano, como una gran oportunidad de profundizar, discernir pastoralmente y contemplar a la Virgen Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia, como tan profundamente lo presentara, en su momento, el Concilio Vaticano II.

Con esta orientación, se organizó la agenda propia del año 2019, según la metodología acostumbrada de énfasis por bimestres, acciones significativas y contenidos de reflexión y celebración de oración y litúrgicas, que alimentaron el itinerario pastoral de las parroquias y comunidades y que tendrían como un momento para “recoger”, compartir y proyectar, el Congreso Mariano Arquidiocesano.

Así sucedió y al desarrollar el programa propio del Congreso, en el Colegio de La Salle, se tuvo muy en cuenta que, el discernimiento mariológico allí planteado, se ubicara en el contexto de situación propios, tanto de la piedad Mariana local como de los signos de los tiempos que nos estaban interrogando en búsqueda de respuestas pastorales. Resultó un ejercicio muy enriquecedor, con la presencia dinámica y entusiasta de los representantes de diversos sectores humanos y pastorales de la Arquidiócesis, acompañados por un selecto grupo de conferencistas y panelistas que con gran competencia iluminaron las jornadas.

Las presentes Memorias recogen a modo de síntesis, el resultado del discernimiento.

Gratitud inmensa para todos los que, en la preparación, organización y participación, hicieron posible este fruto apostólico y misionero que dignamente clausura este fructífero quinquenio pastoral.

Fraternalmente en Jesús y María.

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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